Sobre la vaguedad (Bertrand Russell)

“Me propongo probar que todo lenguaje es vago y que por lo tanto mi lenguaje también lo es”

Aunque el título del ensayo (Vaguedad) puede resultar, valga la redundancia, un tanto vago para hacerse una idea acerca del texto, Bertrand Russell deja claro en esta frase el propósito del ensayo. No cabe duda, y Bertrand Russell estaría de acuerdo con esto, de que la claridad en el lenguaje es una virtud al alcance de muy pocos. Y la claridad en el lenguaje tiene como principal enemigo su vaguedad.

El lenguaje es un instrumento humano para comprender y expresar el mundo que nos rodea, así como nuestro mundo interior. Si el lenguaje es vago y, por tanto, no permite una expresión perfecta de la realidad, nuestro conocimiento tampoco será perfecto. Y viceversa, nuestro lenguaje es vago porque nuestros conceptos mentales también lo son.
No podemos expresar perfectamente lo que no conocemos perfectamente.

“Todo lenguaje es vago”. La vaguedad es una característica inherente al lenguaje humano. Sería imposible tener que utilizar una palabra para cada realidad determinada y concreta (Russell pone el ejemplo de tener que utilizar un nombre para las distintas tonalidades de rojo). En primer lugar, porque las realidades concretas se generan a un ritmo que es imposible de controlar (imaginemos que tuviéramos que designar un nombre concreto para cada habitante de la tierra). La vaguedad del lenguaje es un mal necesario, y es fruto de nuestro conocimiento imperfecto de la realidad.

Además, la vaguedad en el lenguaje no es un fenómeno que se dé con la misma intensidad en todos los conceptos. “La vaguedad es una cuestión de grado”, afirma el filósofo galés. En efecto, hay conceptos sumamente vagos como pueden serlo los que designan realidades abstractas (como “materia” o “causalidad”) y otros muy cercanos a la precisión como pueden serlo palabras cuantitativas científicas como el metro o el grado (hablando de temperatura).

Aunque estoy de acuerdo en el carácter necesario de la vaguedad del lenguaje, discrepo con Russell en algunos puntos que voy a hacer explícitos. En un ejercicio de humildad sin parangón, Russell cree que si alguno de sus conceptos le resulta vago al lector, la culpa es de los antepasados que no sintieron suficiente interés por la lógica:

“Cualquier vaguedad que encuentren en mis palabras deberán atribuirla a nuestros antepasados, que no tuvieron un interés predominante por la lógica”

A mi modo de ver, aquí Russell incurre en una contradicción llamativa. Culpa a los antepasados de la vaguedad del lenguaje cuando él mismo admite que es una característica intrínseca. En ningún caso la vaguedad del lenguaje tiene culpables, ni es atribuible a personas o épocas concretas.
Russell cree que en el análisis lógico del lenguaje reside la clave para conocer el mundo. Esto es así porque lenguaje y mundo tienen una estructura lógica similar. Por eso cree que en el análisis lógico del lenguaje reside la clave para conocer el mundo:

“Hay, sin embargo, menos vaguedad en las palabras lógicas que en las palabras de la vida ordinaria”

Otro de los argumentos más polémicos del ensayo es que las creencias más vagas son probablemente más verdaderas que las creencias más precisas.

“Una creencia vaga tiene más probabilidad de ser verdadera que una precisa(…) La precisión disminuye la verosimilitud”

Se dice cotidianamente que una excusa, cuanto más compleja, más difícil resulta de creer. Para un profesor (y para cualquier cabeza con dos dedos de frente) resulta más creíble que su alumno haya llegado tarde a clase porque ha perdido el autobús, a que haya llegado tarde porque su perro se ha metido en la boca sus deberes, ha estado peleando con él para recuperarlos, lo que le ha provocado una herida que le ha obligado a ir a urgencias causando su retraso. Lo simple es intrínsecamente más probable que lo complejo. Tan simple como esto.

Ahora bien, no estoy seguro de que sea aplicable al sentido en que lo dice Russell. Los objetos simples son más fácilmente cognoscibles que los complejos, pero esto no significa que sea preferible un conocimiento simple de la realidad a un conocimiento complejo. En absoluto. Una creencia vaga es también una creencia menos fundamentada, menos sólida y carente de datos relevantes. En la experiencia cotidiana advertimos que para conocer una realidad necesitamos tantos datos como nos sea posible obtener. Por ejemplo, ningún científico serio busca la vaguedad en su ciencia, sino que busca el mayor grado de detalle posible. Así se avanza en el conocimiento.

La vaguedad del lenguaje, lejos de ser una lacra o un estorbo para la adquisición de conocimientos, es una muestra de la vitalidad de la realidad (que es inabarcable en conceptos) y una muestra de la vitalidad que existe en la relación entre la realidad y nuestro conocimiento de ella.

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